¿Cómo mejoramos la comunicación en pareja? Nuestra especialista en neuropsicología te cuenta algunas claves para lograrlo

 

Soy Cristina Berzosa Ramos, psicóloga y especialista en Neuropsicología. Actualmente me estoy especializando en Terapia de Pareja.

 

Es bien sabido que el cerebro humano busca certezas para comprender el mundo y que, por norma general, huye de las incertidumbres y ambivalencias que tanto malestar nos pueden llegar a provocar.

 

Nuestro cerebro quiere entender, quiere poner normas y, si algo no funciona, quiere comprender por qué no funciona.

Sin embargo, también sabemos que no hay nada más incierto que la vida en sí misma y que los acontecimientos vitales no siempre son certeros, sobre todo si hablamos del amor, ese ecosistema emocional tan tremendamente fluido.

Invertimos gran parte de nuestro tiempo y esfuerzo en interpretar los detalles de nuestras relaciones, y sin darnos cuenta lo que hacemos al final, es generar teorías acerca de las mismas para terminar comprendiendo algo que no comprendemos, como una manera de completar la información que nos falta en lugar de hacer justamente lo que nos haría las cosas más sencillas: Comunicarnos correctamente con nuestra pareja.

Autores como Gary Chapman, Bill O’Hanlon y Pat Hudson, analizan este tipo de “teorías explicativas” y las clasifican en tres tipos:

  • Teorías que culpan: Aquellas teorías en las que atribuimos malas intenciones y rasgos negativos a nuestra pareja o acusamos al otro de ser el problema. Por ejemplo: “Mi pareja no me deja ni respirar.”, “Él/Ella no hace las cosas bien” (Oído en consulta).
  • Teorías que invalidan: Aquellas veces en las que le decimos a nuestra pareja que su opinión no es de fiar, restamos importancia o decimos que no sabe lo que dice. Ejemplo: “Ya estas con tus vainas sentimentales otra vez” (Oído en consulta).
  • Teorías que eliminan la posibilidad de que algo/alguien cambie. Lo que hacemos es etiquetar y así eliminar la posibilidad de que algo pueda cambiar. Ejemplo: “Mi pareja siempre es así, no cambiará nunca”. (Oído en consulta)

Si lo piensas, a la larga, este comportamiento, fija a las personas y a la relación en callejones sin salida. La mejor manera de romper con estas “Teorías explicativas”, y, probablemente, equivocarnos al hacer una interpretación de la realidad, es describir objetivamente aquello que nos molesta y hacerlo además con unos pequeños cambios en nuestra forma de comunicar.

Si te interesa saber cómo, ¡ojo a estos consejos!:

  1. Practica la escucha activa. Escuchar para comprender y no para responder. La escucha activa es la herramienta por excelencia para poder entender y reconocer -que no significa aceptar- que tu pareja tiene determinados sentimientos, ideas y creencias y que estos son tan válidos como los tuyos. 
  2. Elimina los términos absolutos. Es muy peligroso utilizar términos como “NUNCA” o “SIEMPRE”. Una comunicación más adaptativa huye de los absolutismos sustituyéndolos por términos que no imposibilitan el cambio, como por ejemplo “En ocasiones”, “A veces”.
  3. Cambia el “No quiero que…” por el “Me gustaría que…”: Por norma general no pedimos lo que queremos. Nos limitamos a quejarnos por aquellas cosas que nuestra pareja hace sin verbalizar abiertamente qué es lo que necesitamos. Intentar cambiar la petición por la queja es una estrategia realmente saludable.
  4. Tu pareja no es adivina: Las expectativas sobre lo que nuestra pareja “debería” hacer son un foco de intenso sufrimiento. Anticipar qué actos o conductas esperamos sin dar por hecho que la otra persona “debe” saber lo que queremos puede resultar de gran ayuda.
  5. Evita leer la mente del otro. Este es uno de los sesgos más comunes del pensamiento, pues, por suerte o por desgracia, no somos buenos adivinando intenciones. Si tienes dudas sobre las intenciones de tu pareja en un momento determinado, es mejor preguntar que formar impresiones erróneas.
  6. No recurras sistemáticamente al pasado: Cuando necesites discutir sobre un determinado tema, céntrate en el presente. Solemos ser expertos en unir redes de recuerdos que, en momentos de disputa, son soltadas a la pareja generalmente todas de golpe, lo cual puede resultar bastante desconcertante y termina haciendo montañas en lo que podría haber sido un pequeño grano de arena.
  7. Cambia los patrones rígidos: Si algo no funciona, intenta generar alternativas. Rompe los automatismos.

Si has llegado hasta aquí, tal vez estés pensando que puede resultar difícil dar un salto de la teoría a la práctica… Por eso, mi consejo es que practiques primero escribiendo todas las situaciones que se te ocurran en las que te gustaría aplicar estas pautas, y observando el cambio:

No me parece bien que llegues tarde cada día, siempre haces lo mismo, parece que lo haces apostaEsperaba que llegaras a tiempo al menos por una vez o al menos me avisaras.”

 “Me gustaría que fueras puntual, y que en caso de no poder llegar a tiempo me avisaras para organizarme mejor, me siento mal cuando pasa esto y quiero solucionarlo, ¿Qué podemos hacer?”.

 

Y no olvides, que cuanto más practiques, más sencillo te será incorporarlas a tu propio repertorio.